Alfabetización para una recuperación centrada en las personas: reducir la brecha digital

La pandemia de COVID-19 ha sido el mayor trastorno que han sufrido los sistemas de educación y formación desde hace un siglo, ya que las escuelas han estado cerradas durante más tiempo que nunca y más de 1 600 millones de alumnos se vieron afectados en el momento álgido de la crisis. En noviembre de 2020, el niño medio había perdido el 54% del tiempo de contacto anual, lo que equivale a la pérdida de más de un año de aprendizaje si se tiene en cuenta el tiempo de olvido de lo adquirido previamente. La pandemia y sus repercusiones también han amplificado las desigualdades preexistentes en el acceso a oportunidades significativas de alfabetización, afectando de forma desproporcionada a 773 millones de jóvenes y adultos analfabetos . Dado que su nivel de lectura y escritura es bajo o nulo, suelen ser más vulnerables cuando se trata de gestionar su salud, su trabajo y su vida. En los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), los adultos poco cualificados también tienen menos probabilidades de reconocer sus necesidades de aprendizaje (11%) que los más cualificados (35%) y, por tanto, es menos probable que busquen oportunidades de aprendizaje, lo que puede conducir al aumento de las desigualdades. Pese a ello, las primeras respuestas mundiales y nacionales a la COVID-19 se concentraron en la educación básica y superior formal. Los gobiernos y los asociados han desplegado todos los esfuerzos posibles para garantizar la continuidad de la alfabetización a través de la educación a distancia y combinada. Sin embargo, los jóvenes y adultos analfabetos que a menudo se enfrentan a desventajas interrelacionadas, por ejemplo, debido a la pobreza, el género, la condición social, la etnia, el idioma, la discapacidad y la ubicación geográfica, han corrido un mayor riesgo de quedarse atrás. Por tanto, en la fase de recuperación, la alfabetización de los jóvenes y adultos debería integrarse en las estrategias y los planes nacionales desde una perspectiva de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

El rápido paso a la educación a distancia también puso de manifiesto la persistente brecha digital en lo que respecta a la conectividad, la infraestructura y la capacidad de utilizar la tecnología. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, casi la mitad de los habitantes del mundo (3 700 millones) no utilizan Internet, muchos de los cuales se encuentran en los países menos adelantados, y las disparidades entre las zonas urbanas y rurales y las brechas de género siguen estando presentes. En África Subsahariana, se estima que solo el 7,7% de la población tiene un ordenador en casa. El acceso a Internet en los hogares de la región sigue siendo limitado, pues la tasa de acceso es de aproximadamente el 22%. Al pasar a la educación a distancia, también se puso de manifiesto la insuficiencia de otra serie de infraestructuras y servicios que pueden facilitar el aprendizaje. Por ejemplo, en Burkina Faso, Burundi y el Chad, al menos el 85% de la población ni siquiera tenía acceso a la electricidad en 2018. Al mismo tiempo, la crisis de la COVID-19 acentuó la importancia de la alfabetización para la vida, el trabajo y el aprendizaje a lo largo de toda la vida de las personas. Por ejemplo, las habilidades de lectura y escritura son esenciales para acceder a la información que salva vidas y conservar los medios de subsistencia. Además, se ha reconocido que las competencias digitales, que forman parte de las competencias de alfabetización actuales, son necesarias para el aprendizaje a distancia, los lugares de trabajo transformados con los medios digitales y la participación en una sociedad digitalizada. Aunque no existe una definición única reconocida en el plano internacional, las competencias digitales se definen en sentido amplio como una serie de capacidades para utilizar dispositivos digitales, aplicaciones de comunicación y redes a fin de acceder a la información, gestionarla, comprenderla, integrarla, comunicarla, evaluarla y crearla de forma segura y adecuada en un entorno cada vez más tecnológico y con más abundancia de información . Varios aspectos de las competencias digitales resultan cada vez más indispensables para estar alfabetizado. Sin embargo, muchos jóvenes y adultos no poseen competencias digitales, en particular los que carecen de las competencias básicas de lectura y escritura. En Europa, el 43% de los adultos carece de las competencias digitales básicas necesarias para participar en el aprendizaje digital a distancia. Dado que la adquisición de las competencias digitales entraña procesos cognitivos complejos, estas nuevas competencias exigen que se garantice un nivel adecuado de competencias de lectura y escritura, que las competencias digitales se integren en los programas de alfabetización, si procede, y que se tengan en cuenta las interrelaciones entre estas competencias, los tipos de tecnología y los enfoques pedagógicos que deben adoptarse, así como la motivación, las situaciones vitales, los contextos y las culturas de los alumnos.

La alfabetización y las competencias digitales como elementos esenciales de una recuperación centrada en las personas

La crisis de la COVID-19 ‘contiene el germen de la posibilidad de una recuperación centrada en las personas. Como la pandemia obligó a numerosos programas de alfabetización a interrumpir sus modos de funcionamiento normales, los administradores, los gestores, los educadores, las comunidades y los propios alumnos han luchado para encontrar formas de garantizar la continuidad del aprendizaje. En los casos en los que la enseñanza y el aprendizaje presenciales estaban restringidos, se adoptó el aprendizaje a distancia con el apoyo de soluciones de alta tecnología (por ejemplo, ordenadores, teléfonos móviles, tabletas), de baja tecnología (por ejemplo, televisión, radio) y/o no tecnológicas (por ejemplo, material didáctico impreso), y el aprendizaje híbrido que combina la enseñanza presencial y a distancia. Las situaciones específicas provocadas por la crisis de la COVID-19 también han fomentado el aprendizaje en la familia y han mejorado el contenido de los programas de alfabetización mediante la colaboración intersectorial y las nuevas alianzas. Muchas de estas iniciativas de apoyo a la alfabetización, generadas, puestas en práctica y asumidas por los individuos, las comunidades, las autoridades locales y las instituciones nacionales mediante su participación activa, pueden contribuir a edificar una base sólida para una recuperación centrada en las personas. La pandemia ha demostrado que las necesidades específicas de alumnos heterogéneos en condiciones difíciles pueden satisfacerse mejor adoptando diversas soluciones de aprendizaje a distancia, presencial e híbrido. También ha puesto de relieve la necesidad inmediata de dotar a quienes se encuentran en entornos digitales de competencias de lectura, escritura y digitales adecuadas, intensificando al mismo tiempo los esfuerzos para reducir la brecha digital. Para ello, se ha de prestar atención a varios ámbitos normativos, en particular proponiendo programas de alfabetización con soluciones no tecnológicas o de baja tecnología para los no tienen acceso a Internet y/o a la electricidad, estudiando tipos de aprendizaje basados en la tecnología que faciliten la adquisición de competencias de lectura, escritura y digitales, y garantizando un acceso equitativo a una alfabetización inclusiva y de calidad. Desde un punto de vista más estructural, ello requerirá una buena gobernanza y alianzas audaces, así como una mayor integración de la alfabetización de los jóvenes y adultos en las políticas y los sistemas nacionales de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Tomado de UNESCO.